Encuentro en las calles del centro Bogotano un sin fin de delirios. Delirios llenos del perfume que embaucaba mi sentido del olfato esa noche. ¿Acaso hay lirios en la quinta con calle 26? Dudo mucho esto. Mas bien campanillas, eso definitivamente si, porque las recuerdo adornando tu cabello. Aunque, en algún momento se tornó todo blanco, viendo tu piel de cerca. Y, enfocando mucho mas adentro de mi memoria, se divisa a lo lejos un abundante numero de fines relacionados con la silueta de tu colectivo mortal, de tu sistema físico de existencia, de todo tu ser. Y si, digo todo tu ser porque recuerdo claramente la sincronía que enmarcaban mis apotegmas con los tuyos.
Bienaventurada vida, vibrante libertad. Se mueve por mi cuerpo ese intenso deseo de volver a deleitar mi vista con tu presencia, de deleitar mis oídos con tus palabras suaves y con el sin fin de técnicas elocuentes y atrapantes que usabas (y aun usas) para jugar con mi mente. Tu rostro, cansado del día, no era un reflejo de terquedad o negación a el deseo y el cariño. Eso si, no entiendo en lo absoluto que esperabas de mi. Tuvimos sexo, si, el tipo de sexo que llena mas que una simple entrada y salida, y que muestra el desiderátum de consentir, besar, abrazar, oler, mirar y sentir a una persona a tu lado, incluso te lleva a pensar en como hacer mas placentera su integridad que la tuya misma. Aquel sexo que encarna el mas puro deseo de descubrimiento. Espero no ser el único que lo sintió; también espero que hayas notado mi anhelo de ser, estar y vivir ese momento contigo, y no solamente estar. Fue muy rápido como mi mente y alma entraron en serenidad, por el aura llena de calidez que desprendes.
Laudable es tu psyché, cúspide de anhelos ahora que la distancia revienta la burbuja de posibilidades, que permiten volverte a ver. Tendré que esperar un sin fin de días, en donde tu atención está en ti misma, lo cual me parece una maravilla pero a la vez, esta expectativa irrespeta mi deseo por conocerte en texto: una preparación para conocerte en verbo. Comunicación, eso pido. Así como abro hoy las puertas de mi verdadero hogar, el que no está en ningún lugar mas que en mi, e intento liberar mis palabras contigo. Esa es la manera de comunicar que afano.
Invisible. Esa es la cualidad que me define cuando ves mis mensajes pero no los lees. O cuando posas tus ojos en cada palabra, pero se quedan en tu retina y no van mas allá. Tambien, cuando mis palabras plasmadas en un audio reciben desdén de tu parte. ¿Será intencional? Espero que no. No pareces ese tipo de persona, y si llegases a serlo, igual no cambia la ansiedad que tengo de conocerte cada día mas. Así tenga que esperar mas noches por saber que piensas, estaré dispuesto a acampar al lado de este río. Y si me siento mal, solo lloraré cuando la creciente llegue, para que no se note.
Mañana, despertare y mirare nuevamente tu chat. Y yo, que pensaba que esos días habían quedado atrás. Esos días en donde se apoderaban de mi, el cariño y la inspiración. Como dijo Silvio: "Que me tenga cuidado el amor, que le puedo cantar su canción". Posiblemente, la canción lleve tu apelativo. Así como la apertura de cada párrafo enmarcan una quinta parte de tu nombre. Espero no le tengas miedo a conocerme más, porque yo ya acepté el riesgo de descubrirte, y de escribirte.
Con cariño, Edwin.

A 223km de distancia espero que sientas como mi corazón late por tus palabras, los 27.900 segundos que nos separan no pueden impedir que llegues a la conclusión en donde yo aprecio mucho los detalles que me das. Que el tiempo que demoro en responderte no lo presumas como desinterés, porque soy pésima el la retórica y aquí me hallo, intentando escribir algo digno de ti.
ResponderEliminar